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16ª CONCENTRACIÓN FALLAS

 

 

 

Salimos de Barcelona el viernes por la tarde y nos dirigimos a Benicarló, donde miembros del VOCS Navarra nos habían reservado sitio en unos bungalows. Por el camino, unas pocas gotitas nos hicieron presagiar que sería un fin de semana pasado por agua, pero eso no nos amedrentó, sino que nos dió más fuerzas para el viaje, puesto que no era ningún esfuerzo el nuestro comparado con los amigos que venían de bastante más lejos.

 

 

Una vez en el camping, no conseguimos localizar a nadie de los que ya habían llegado, pero con una segunda copia de la llave conseguimos descargar para poder pasar a inscribirnos y tomar una cervecita en el lugar de la concentración. De ese modo, viendo como iba llegando gente, hicimos tiempo hasta la hora acordada para encontrarnos e ir a cenar.

 

 

La cena la hicimos en el Club de Tenis Benicarló, donde Txaro y Pedro son siempre bien recibidos, pues la proximidad de su apartamento en Peñíscola hace de este lugar la sede del VOCS Navarra en tránsito por el Levante. Como siempre (yo ya he comido o cenado unas siete u ocho veces allí), la cena fue copiosa y apetitosa.

 

 

Tras las copas de rigor, nos dirigimos al centro del pueblo a disfrutar del ambiente fallero, no sin antes hacer una paradita en el puerto de Benicarló, centro del ocio juvenil, aunque no demasiado animado por estas fechas a causa de las fiestas patronales. A partir de ahí, la noche cantinuó bien en la cama (algunos acusaron el viaje y la lluvia), bien en el “envelat” hasta el siguiente amanecer.

 

 

El día empezó perezoso, aunque no se obvió la calurosa bienvenida a los rezagados y, una vez éstos tomaron posesión de sus aposentos y el resto nos desperezamos, nos dirigimos otra vez al Club de Tenis Benicarló a dar buena cuenta del almuerzo y de una larguísima sobremesa, en la que aprovechamos para celebrar el aniversario de Txaro. Tanto alargamos que nos perdimos los clásicos juegos moteros y llegamos justo a tiempo para la ruta cervecera de la tarde, que terminó justo a tiempo para podernos adecentar para la cena y nos acercó a las fallas que había repartidas por Benicarló.

 

 

En esta concentración la cena se reparte en varios restaurantes, por lo que aquello que cuente un asistente puede ser diametralmente opuesto a lo que cuente otro. Nosotros cenamos de forma correcta, aunque el servicio dejó mucho que desear y culminó con un problema ajeno a la organización y responsabilidad única y exclusiva del propietario del restaurante que prefirió ir sirviendo copas (pagadas aparte) antes que los cafés, de tal forma que Núria y yo nos levantamos de la mesa una hora después de acabar de cenar sin haberlo tomado. El hecho de levantarnos unos antes que otros, unido a que algunos miembros del VOCS no realizaron la correspondiente inscripción en la concentración y fueron a cenar por su cuenta hizo que nos perdiésemos un poco los unos de los otros, ya que no había conciertos, sino que el ambiente había que buscarlo en el pueblo. El cansancio de la noche anterior, la lluvia que fue cayendo a intervalos y el no parar de todo el día hizo mella en nosotros y no nos acostamos excesivamente tarde después de tomar alguna copa en animada conversación.

 

 

Aunque quedamos en hacer la ruta por la mañana, la incesante lluvia que iba cayendo desde la madrugada hizo que los navarros decidiesen plegar velas y marcharse para casa, pues había bastantes kilómetros por delante, el resto desayunamos en la concentración y pasamos el tempo charlando con unos y con otros, aunque nos arrepentimos de no haber ido a visitar el castillo de Peñíscola, pues la lluvia dejó de caer una vez hubo partido la ruta.

 

 

Después vino la comida y el sorteo de regalos, en el que no nos tocó nada digno de mención, y las despedidas, que aunque siempre resultan algo tristes, en este club los “adiós” se convierten simplemente en un “hasta pronto”. Una vez en casa, los habituales SMS corroboraron la normal vuelta de todos.