YA NO LA VENDO...
Publicado: 14 Jul 2008, 13:21
Después de casi 2500 km y de unos días fantásticos por tierras vascas, el pasado miércoles llegamos a casa.
Son las 7 de la tarde y estamos literalmente reventados, sobre todo después de la última etapa del viaje de Madrid a Antequera con un calor infernal por las interminables rectas de La Mancha y los mares de olivos de Jaén y Córdoba, un calor que nos obliga a parar constantemente para que Marian y yo nos refresquemos. Ella no dice nada, ni un mal ruido, ni una sola queja. Sólo pide gasolina para seguir la ruta.
La he aparcado fuera de su lugar habitual, delante del coche, para quitarle de encima todo el equipaje y subir a casa para recibir una ducha y descansar. Luego, a la noche, la dejaré en su sitio. Al final ha sido tal el cansancio que traía acumulado que me he olvidado de ella.
Al día siguiente bajamos a por el coche para ir a comprar y allí, delante de él, está ella, sucia y desaliñada, pidiendo a gritos un lavado, pero dispuesta otra vez a dar todo lo que pida de ella.
Llevo unos meses pensando en cambiarla por otra Vulcan más potente y cómoda, pero he decidido que no la voy a vender. Ella ha sido mi primera y mi única moto “grande”, no será la última aunque ahora tenga que hacer un mayor esfuerzo para conseguir la 900, pero mi vieja 500 seguirá a mi lado, esta vez como montura de mi chica cuando se saque el carné.
Son las 7 de la tarde y estamos literalmente reventados, sobre todo después de la última etapa del viaje de Madrid a Antequera con un calor infernal por las interminables rectas de La Mancha y los mares de olivos de Jaén y Córdoba, un calor que nos obliga a parar constantemente para que Marian y yo nos refresquemos. Ella no dice nada, ni un mal ruido, ni una sola queja. Sólo pide gasolina para seguir la ruta.
La he aparcado fuera de su lugar habitual, delante del coche, para quitarle de encima todo el equipaje y subir a casa para recibir una ducha y descansar. Luego, a la noche, la dejaré en su sitio. Al final ha sido tal el cansancio que traía acumulado que me he olvidado de ella.
Al día siguiente bajamos a por el coche para ir a comprar y allí, delante de él, está ella, sucia y desaliñada, pidiendo a gritos un lavado, pero dispuesta otra vez a dar todo lo que pida de ella.
Llevo unos meses pensando en cambiarla por otra Vulcan más potente y cómoda, pero he decidido que no la voy a vender. Ella ha sido mi primera y mi única moto “grande”, no será la última aunque ahora tenga que hacer un mayor esfuerzo para conseguir la 900, pero mi vieja 500 seguirá a mi lado, esta vez como montura de mi chica cuando se saque el carné.