Saludos desde Málaga
Publicado: 10 May 2018, 19:20
Muy buenas tardes,
Un saludo desde las cálidas tierras del sur.
La verdad es que he pasado por varias motos a lo largo de los años hasta acabar con la vulcan S. Y como se que es costumbre presentarse en estos lugares, que mejor forma que un pequeño resumen de mi recorrido motero a lo largo de los años.
La que lo comenzó todo. El primer amor que ardió con intensidad y se apagó con la misma celeridad: Daelim Roadwin 125.

Que deciros. Una auténtica porquería de moto, vibraba de tal manera que parecía que iba a partirse en mil pedazos, sin embargo fue la que me dio el empujón a sacarme el A. Un breve e intenso amor de juventud. Recuerdo su aroma a nuevo cuando fuí a recogerla del concesionario, emocionado, y a la vez temeroso por la inexperiencia. Ella me arrebató mi virginidad motera. Tras una intensa semana cabalgando sobre ella, me apunté a la autoescuela y en aproximadamente un mes, ya tenía en mis manos el preciado permiso A, con la correspondiente limitación de caballaje durante dos años que exigía la legislación de tráfico por aquel entonces. Con el abanico de posibilidades que el carnet A me ofrecía, no tardé abandonarla para buscar algo mejor, algo que llenase aquel hueco que ella nunca fue capaz de llenar. Por no quedar de ella, no tengo ni fotos. Esta está sacada de la red.
La que me enseñó a rodar: Suzuki GS500
Entregué aquella roadwin prácticamente nueva, y me dejé llevar por aquella moto de aspecto austero, pero sólido. Aquella relación se convertiría en la más larga que tuve hasta entonces, y que nunca olvidaría. Limitada en papeles (en esa época era así) y abandonada por su antiguo dueño, me abracé a su depósito, y me acompañó como una fiel compañera durante mi periodo de madurez motera. Tampoco he encontrado fotos de ella, pero os la ilustro gracias a la red.

Con ella pasé seis geniales años. Nunca me dejó tirado, salvo una vez que me cortaron el manguito de la gasolina y tuve que volverme en la grúa. Me acompañó en mis primeros viajes, nos perdimos juntos por carreteras inexploradas, y siempre estuvo allí para llevarme de vuelta. Sin embargo, con el tiempo, el deseo de explorar otros terrenos, el sentimiento de sentir que me estaba perdiendo grandes experiencias y oportunidades, me llevó a poner fin a esa hermosa y larga relación, decidí que era el momento de cambiar. Siempre tendrá un hueco en mi memoria y en mi corazón.
Una moto con que exploré otros estilos de conducción: Versys 650
Todos decían que su faro era horrible, pero siempre recordaré aquel día en el que que por casualidad pasé a echar un vistazo a un concesionario de motos de segunda mano para hacer algo de tiempo, y la vi, tímidamente colocada en una esquina. Con ese frontal de belleza exótica.
Esta foto si es de mi propia moto, rescatada de mi álbum de recuerdos.

Fue una relación breve, aproximadamente un año y medio, pero intensa. Gracias a ella exploré nuevas sensaciones, sin embargo, una cálida tarde de verano paseando por las calles de Granada, una madurita de aspecto cautivador atrapó de nuevo mi corazón. Os mentiría si os digo que me costó demasiado olvidar a aquella versys. A las pocas semanas, aquella milf con forma de moto ya estaba entre mis piernas.
Aquí una foto pasando un rato intimo con ella en mi garaje.

Una moto de tránsito: Sym Joymax 300i ABS
Una foto de ella, intentando convencerme a mi mismo de que me gustaba:

Esta moto tenía de todo. ABS, Auto Start&Stop, buena potencia a pesar de su cilindrada, un gran maletero, calefacción para un escudo térmico, toma de 12v, escudo frontal contra el viento y un largo etc de extras. Ella era la que caía genial a todos. Mi familia la adoraba. Era cómoda, práctica y con un montón de virtudes para facilitarme la vida. Tenía todo lo necesario para darme una sobria estabilidad durante muchísimo tiempo. Sin embargo, la relación nunca llegó a cuajar. A pesar de montar en ella cada día, de su capacidad, comodidad, y todo lo que tenía para ofrecerme, comencé a mirar a otras por internet, hasta un día conocí a una joven que hizo que mi corazón volviese a latir de emoción. Fui a conocerla en persona al concesionario mientras mi sym, sin ser consciente de lo que ocurría, esperaba en el garaje. Tras conocer en persona a mi nuevo flechazo a través de internet, decidí enfrentarme a mi familia y dejar a un lado el sentido común, abandonando a aquella Sym, que pesar de ser la más conveniente para mi, según todos, nunca llegó a ganarse un hueco en mi corazón.
Mi moto actual, un amor que espero, dure muchos años: Vulcan S de 2015

No tiene ABS, y carece de toda capacidad de carga y almacenaje. Tampoco posee ningún tipo de protección aerodinámica, sin embargo cada mañana, mochila a los hombros, monto sobre ella para ir a trabajar, y me dejo llevar los fines de semana. A viajado conmigo a Jerez este 2018, y espero que me acompañe en más aventuras.
En fin, espero que baste esta presentación para no llevarme ninguna bronca de ningún moderador al particiar en otros hilos
Un saludo a todos.
Un saludo desde las cálidas tierras del sur.
La verdad es que he pasado por varias motos a lo largo de los años hasta acabar con la vulcan S. Y como se que es costumbre presentarse en estos lugares, que mejor forma que un pequeño resumen de mi recorrido motero a lo largo de los años.
La que lo comenzó todo. El primer amor que ardió con intensidad y se apagó con la misma celeridad: Daelim Roadwin 125.

Que deciros. Una auténtica porquería de moto, vibraba de tal manera que parecía que iba a partirse en mil pedazos, sin embargo fue la que me dio el empujón a sacarme el A. Un breve e intenso amor de juventud. Recuerdo su aroma a nuevo cuando fuí a recogerla del concesionario, emocionado, y a la vez temeroso por la inexperiencia. Ella me arrebató mi virginidad motera. Tras una intensa semana cabalgando sobre ella, me apunté a la autoescuela y en aproximadamente un mes, ya tenía en mis manos el preciado permiso A, con la correspondiente limitación de caballaje durante dos años que exigía la legislación de tráfico por aquel entonces. Con el abanico de posibilidades que el carnet A me ofrecía, no tardé abandonarla para buscar algo mejor, algo que llenase aquel hueco que ella nunca fue capaz de llenar. Por no quedar de ella, no tengo ni fotos. Esta está sacada de la red.
La que me enseñó a rodar: Suzuki GS500
Entregué aquella roadwin prácticamente nueva, y me dejé llevar por aquella moto de aspecto austero, pero sólido. Aquella relación se convertiría en la más larga que tuve hasta entonces, y que nunca olvidaría. Limitada en papeles (en esa época era así) y abandonada por su antiguo dueño, me abracé a su depósito, y me acompañó como una fiel compañera durante mi periodo de madurez motera. Tampoco he encontrado fotos de ella, pero os la ilustro gracias a la red.

Con ella pasé seis geniales años. Nunca me dejó tirado, salvo una vez que me cortaron el manguito de la gasolina y tuve que volverme en la grúa. Me acompañó en mis primeros viajes, nos perdimos juntos por carreteras inexploradas, y siempre estuvo allí para llevarme de vuelta. Sin embargo, con el tiempo, el deseo de explorar otros terrenos, el sentimiento de sentir que me estaba perdiendo grandes experiencias y oportunidades, me llevó a poner fin a esa hermosa y larga relación, decidí que era el momento de cambiar. Siempre tendrá un hueco en mi memoria y en mi corazón.
Una moto con que exploré otros estilos de conducción: Versys 650
Todos decían que su faro era horrible, pero siempre recordaré aquel día en el que que por casualidad pasé a echar un vistazo a un concesionario de motos de segunda mano para hacer algo de tiempo, y la vi, tímidamente colocada en una esquina. Con ese frontal de belleza exótica.
Esta foto si es de mi propia moto, rescatada de mi álbum de recuerdos.

Fue una relación breve, aproximadamente un año y medio, pero intensa. Gracias a ella exploré nuevas sensaciones, sin embargo, una cálida tarde de verano paseando por las calles de Granada, una madurita de aspecto cautivador atrapó de nuevo mi corazón. Os mentiría si os digo que me costó demasiado olvidar a aquella versys. A las pocas semanas, aquella milf con forma de moto ya estaba entre mis piernas.
Aquí una foto pasando un rato intimo con ella en mi garaje.

Una moto de tránsito: Sym Joymax 300i ABS
Una foto de ella, intentando convencerme a mi mismo de que me gustaba:

Esta moto tenía de todo. ABS, Auto Start&Stop, buena potencia a pesar de su cilindrada, un gran maletero, calefacción para un escudo térmico, toma de 12v, escudo frontal contra el viento y un largo etc de extras. Ella era la que caía genial a todos. Mi familia la adoraba. Era cómoda, práctica y con un montón de virtudes para facilitarme la vida. Tenía todo lo necesario para darme una sobria estabilidad durante muchísimo tiempo. Sin embargo, la relación nunca llegó a cuajar. A pesar de montar en ella cada día, de su capacidad, comodidad, y todo lo que tenía para ofrecerme, comencé a mirar a otras por internet, hasta un día conocí a una joven que hizo que mi corazón volviese a latir de emoción. Fui a conocerla en persona al concesionario mientras mi sym, sin ser consciente de lo que ocurría, esperaba en el garaje. Tras conocer en persona a mi nuevo flechazo a través de internet, decidí enfrentarme a mi familia y dejar a un lado el sentido común, abandonando a aquella Sym, que pesar de ser la más conveniente para mi, según todos, nunca llegó a ganarse un hueco en mi corazón.
Mi moto actual, un amor que espero, dure muchos años: Vulcan S de 2015

No tiene ABS, y carece de toda capacidad de carga y almacenaje. Tampoco posee ningún tipo de protección aerodinámica, sin embargo cada mañana, mochila a los hombros, monto sobre ella para ir a trabajar, y me dejo llevar los fines de semana. A viajado conmigo a Jerez este 2018, y espero que me acompañe en más aventuras.
En fin, espero que baste esta presentación para no llevarme ninguna bronca de ningún moderador al particiar en otros hilos
Un saludo a todos.
