Crónica bastarda del viernes 27 de julio.
Con bacín y con jergón, parten bajo la tormenta los que habrán de llamarse lechón.
Por el camino mas largo que sin duda es el mejor, cimbrean los negros curtidos, apagados por el atardecer sin sol.
Éramos cuatro, aun que sin ser mejor, tres ruteamos curva a curva hasta el pueblo con tesón.
Bienvenidos y recibidos, - como en vuestra casa amigos del vocs!, solo me quedan halagos para los anfitriones, que fueron padres sin condiciones, para tres malditos bribones que rezan el perdón de Dios.
Desplegamos tiendas de prestado, apartando al cantor ajardinado, por si hubiera que dormir mejor.
Jardinero de calzas bien ceñidas al frente del pelotón, no hay mejor escudero que el que porta licorera y buen zurrón.
Apresúrate Siroco de buena cuna, que mi odre necesita una cura de carne y vino peleón.
Sentados como encaja un clavo en un tablón, apuramos las viandas y los licores aun mejor. Nos mezclamos con el pueblo, en armonía y a buen ritmo de tambor, recorriendo paso a paso, todas las tabernas del pueblo anfitrión.
Nada recuerdo, serán cosas del calor, solo el regustillo del vino, que como todo el mundo sabe, mejoró al segundo trago a gran reserva o superior.
Como almas afines al mundo del motor, ronroneamos canciones moteras hasta que el mundo nos pareció mejor.
Apagaron las velas y hundidos en su jergón, todos hicieron coro a un dulce ruiseñor, tres aun en alza, tres con el que viste y calza erguidos mirando al sol, descansamos los enjutos pellejos un ratito o quizás dos.
Todos parten en aventura y no vemos relevo del vocs, serán otros quien nos suplan que a buen seguro no serán peor.
Partimos regreso al mundo, por el camino mejor, pespunte de varias horas: Alcarria y Alcarria como una aguja en la tela gris sin arcén ni raya, hasta llegar al pozo, obligatorio el reposo y con música de motor.
Encontramos almas gemelas que desde Mondejar disfrutaban, pero eran flacas las fuerzas que nos quedaban y grande el abandono que siente el alma sin reposo, siendo honorable y hermoso retirarse a descansar.
Y con éste, mi último cantar, me despido aún confuso y aturdido, de la aventura que os acabo de relatar, si en algo me he excedido es en el celo de de buena voluntad, que alto quedo el concepto de quien te viene a visitar.
El mísero Trovador
