(Cap.7) De cuando los consejos se convierten en imposiciones
Publicado: 26 Oct 2012, 10:46
En ocasiones pretendemos que los consejos que damos se tomen en consideración y es muy lógico, es una parte más del egoísmo humano, es un afán por sentirse escuchado, querido y valorado, es una forma más de que nos den la razón. Por todo esto hay veces que existe la tendencia a que cuando damos un consejo a alguien, haciéndolo con toda nuestra buena intención, esa persona tiene que hacer lo que le aconsejamos y si no incluso nos enfadamos con esa persona, le recriminamos su equivocación, le insistimos hasta la saciedad que tiene que hacer lo que nosotros ¿le aconsejamos? o ¿le imponemos? Ahí es cuando está el problema. Un consejo, es simplemente eso, un consejo, es una recomendación no una imposición.
Cuando alguien da un consejo debe admitir que la otra persona pueda aceptarlo o pueda rechazarlo, o no estar de acuerdo al 100% con lo que se le aconseja, o simplemente tener otro punto de vista. A veces aunque esa persona sepa que el consejo es bueno, tiene que tomar otra decisión por sus circunstancias, sus sentimientos o sus principios, o simplemente porque aun sabiendo que su decisión tiene una parte de equivocada hay otros factores que implican que en un contexto más genérico es la decisión que tiene que tomar.
También se produce muchas veces que en nuestros consejos reflejamos nuestros anhelos, nuestras carencias, nuestros deseos... aconsejamos lo que nos gustaría a nosotros o lo que haríamos nosotros en esa circunstancia, pero nos olvidamos por completo de los gustos, de los deseos, de las carencias de la persona a la que aconsejamos. Ponemos en su "tejado" nuestras necesidades, nuestras vivencias, nuestros recuerdos...
Deberíamos pensar siempre a la hora de dar un consejo que seguramente la persona que lo recibe ya ha pensado, y seguramente durante más tiempo y más intensamente, en todas y cada una de las cuestiones que le podamos plantear. Nuestro consejo simplemente es por si, por casualidad, no hubiera barajado esa posible alternativa que le comentamos. Si ya lo ha barajado nuestro consejo se queda ahí, no podemos pretender que haga lo que le estamos diciendo porque entonces es cuando los consejos se convierten en imposiciones.
(extracto de "Mi libro")
P.D. Esto simplemente es una reflexión mía, un extracto de "mi libro", Gracias pero no quiero "consejos", ni opiniones.
Cuando alguien da un consejo debe admitir que la otra persona pueda aceptarlo o pueda rechazarlo, o no estar de acuerdo al 100% con lo que se le aconseja, o simplemente tener otro punto de vista. A veces aunque esa persona sepa que el consejo es bueno, tiene que tomar otra decisión por sus circunstancias, sus sentimientos o sus principios, o simplemente porque aun sabiendo que su decisión tiene una parte de equivocada hay otros factores que implican que en un contexto más genérico es la decisión que tiene que tomar.
También se produce muchas veces que en nuestros consejos reflejamos nuestros anhelos, nuestras carencias, nuestros deseos... aconsejamos lo que nos gustaría a nosotros o lo que haríamos nosotros en esa circunstancia, pero nos olvidamos por completo de los gustos, de los deseos, de las carencias de la persona a la que aconsejamos. Ponemos en su "tejado" nuestras necesidades, nuestras vivencias, nuestros recuerdos...
Deberíamos pensar siempre a la hora de dar un consejo que seguramente la persona que lo recibe ya ha pensado, y seguramente durante más tiempo y más intensamente, en todas y cada una de las cuestiones que le podamos plantear. Nuestro consejo simplemente es por si, por casualidad, no hubiera barajado esa posible alternativa que le comentamos. Si ya lo ha barajado nuestro consejo se queda ahí, no podemos pretender que haga lo que le estamos diciendo porque entonces es cuando los consejos se convierten en imposiciones.
(extracto de "Mi libro")
P.D. Esto simplemente es una reflexión mía, un extracto de "mi libro", Gracias pero no quiero "consejos", ni opiniones.