[El Quirófano de la 1600] Capítulo 1: Desvestir y descolgar al monstruo de 150 kg
Los antecedentes de la bicha:
La moto nos llegó al garaje en un estado un tanto "particular": traía algunas piezas sueltas, la bomba de combustible desconectada y los inyectores también fuera de juego. Para rematar el panorama, habían desmontado la tapa de balancines del cilindro trasero y la habían dejado superpuesta, completamente sin apretar.
Lógicamente la moto no encendía de primeras, pero sabemos de buena tinta que justo antes de caer en nuestras manos, un mecánico en Málaga la hizo arrancar. Yo mismo, antes de ponerme a desmontar, quise probar a encenderla para ver cómo sonaba... y os podéis imaginar: con la tapa de balancines floja, ¡menudo charco de aceite me preparó la bicha en el suelo del garaje en un segundo! Jajaja.
El primer diagnóstico que tenía la moto —y por el que le pedían unos dolorosos 2.000€ al antiguo dueño— era un problema de juntas en el cilindro trasero, argumentando que el consumo de anticongelante y la fuga de aceite venían de ahí. Spoiler: parecía la explicación lógica, pero ya os adelanto que habrá sorpresas bastante más serias...
Manos a la obra: Desnudando el chasis
Lo primero fue desvestir por completo a la bicha. Volaron las tapas laterales, el depósito de gasolina y, acto seguido, fuimos despejando el terreno quitando toda la admisión, el filtro de aire con sus conductos, los manguitos del refrigerante, el radiador y todo lo que estorbaba.
El plato fuerte: Bajar el motor
Para sacar semejante bloque del bastidor hay que hilar muy fino. Sujetamos bien el motor por debajo, calzándolo con un gato y una buena base de madera para no dañar nada. A partir de ahí, manual de taller en mano y siguiendo el orden estricto, empezamos a soltar toda la tornillería de anclaje al chasis y la transmisión por cardan.
Una vez descolgado todo y tras revisar mil veces que no quedara ningún cable de la parte eléctrica ni ningún latiguillo de fluidos enganchado, tocó la maniobra crítica: bajar el motor con muchísimo cuidado apoyados en el gato hasta dejarlo en un carro con ruedas. Mover este bicho de casi 150 kg con fluidos a pulso es imposible, así que el carro nos dio la vida para poder trabajar cómodos.
La bicha ya está sin corazón y el motor en la mesa de operaciones listo para el siguiente capítulo: levantar culatas y ver el verdadero pastel que escondía dentro.
Os dejo algunas fotos de la operación
¡Os voy leyendo por aquí!





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