
Esta cuestión se la plantearon Bob Sawicki y Toby Weisser, dos científicos moteros destinados en un centro de investigación de la Antártida, que decidieron que le tenían que devolver la vida a la vieja moto.
Dedicaron sus horas libres a dotar a la moto de las “zapatillas” necesarias para rodar por la nieve y el resultado fue una chopper de nieve, capaz de funcionar tranquilamente como cualquier otra moto, pero en los fríos casquetes de la Antártida. Ahí es nada.
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