Crónica bastarda de una ruta por casillas.
De rumores y comidillas se habla en las salillas…de jóvenes y viejos, de calvos y melenas, de salidas desordenadas en rutas planificadas.
Leído fue el misal y donde digo no dije… que dijo (que no digo).. que el que diga dirá lo que por ser no será, certificado de verdad.
Que el que viste y calza fue y así aconteció, lo que cuento sin pudor aun a riesgo de cepo o pena mayor. No fue por raza, ni por solera o peor, fue cosa del vulgo general, incluido el abad y el padre mayor. Empiezo hablando de socios y no del abolengo, que establece diferencia en sí, cuando no peor, aludo al régimen general que sobra mencionar, es conocido por todos por igual. Cuando el desconcierto reina hasta el calvo se despeina y el ateo opta por orar. A grito de alto, la curva se enderezó, el peludo se peinó y todos “la novena” recitamos en una sola voz.
Pasado el tema que a más relevancia sería contraproducente y estéril en su valoración, entraré en las carnes de una vuelta disfrutada con los que ruedan sin rencor.
Salimos tras la plegaria los socios sin distinción, rojas y negras alcanzan al primero…serpentean del segundo al tercero, le siguen otras hasta el último, que cierra con esmero.
El ritmo se torna relajado, disfrute del menos avezado… y en el paisaje incomparable del invierno, la vejiga se torna en un infierno. En tanto que me tiro, que me deis un respiro… reposta que me piro, relajan sus “quehaceres” en frente de un espino…- oiga! que mi dama se orina no tenga mala espina y busque donde calma lo que otros ya dominan.
La niebla nos envuelve, la curva se vuelve seta y el hambre hace mella en el odre de koleta. Allí estaban…el sitio nos guardaban…en la mano una tapa y un vino en la solapa.
Tomás tomó un vino, por eso no vino.. pero fue con Alada que esperaba relajada con la guía preparada con mucho atino. Aparcamos con estruendo y soltamos las chamarras, comimos y bebimos “boletus”, cervezas y algaradas. amigos y socios en la empresa completamos el ritual, disfrutar de una vuelta con paradas sin igual.
¡Acaso no se come! -grito a un alma desesperada, que recibió socorro de la multitud solidarizada.
Al más alto fuimos, retirado del bullicio, aparcando en la explanada para pasar del placer al vicio. Menú socorrido al canto, que no recito sin espanto, pero que hizo a la necesidad un sitio.
Mejor fue la charla y lo que hace de un socio un amigo, beber y comer hermanados aun con un vino de sacrificio.
Partimos caída la noche y con el calor mudado por abrigo, disfrutamos de un gran día, plebeyos y patricios que somos todos uno, socios y amigos, que no hay quien dude que cada cual es cada uno y si no son sucios los ojos o enfermizos sin igual, somos todos buena gente y moteros como tal.
Así termina mi relato, con el torpe verbo de un miserable que se vende barato, por unas birras y las migas de vuestro plato...que flaco favor haréis a este menda si no me invitáis por escucharme un rato. Concededme el beneficio del ignorante y perdonad el maltrato a quien se sienta aludido por este mata gatos….y así pues disponed como gustéis de la inutilidad de este, seguro servidor y amigo trovador.
