Desde el principio el viaje era un reto, subir con la moto por primera vez a Castilla, donde nací y me crie, desde mi Extremadura de adopción. La ruta recorría una serie de lugares muy especiales para mí y al final me decidí y emprendí mi viaje.
Iba a ser un viaje en solitario y al final tuve un compañero de viaje para subir, aunque a partir de ahí... la aventura
El sábado por la mañana salí hacia Salamanca

A medio camino paramos a repostar y tomar un café
A mediodía llegamos a mi destino, hora perfecta para tomar una cervecita y mi compañero de viaje siguió camino. Yo me quede en mi hotel en una tarde de relajación y descanso.
Con vistas a la nieve de Bejar y a la ciudad de Salamanca disfrute de una tarde de reparación, el plato fuerte sería al día siguiente.
Por la mañana salí para Salamanca, unos 20km y al parar a repostar... primer contratiempo... se rompió la sujeción del navegador.

Con lo que tuve que entrar hasta la plaza Mayor de Salamanca “a tientas”, ruta turística por obligación hasta que di con la calle adecuada pero disfrutando del paseo


Ya en la plaza, me ubican en mi sitio y cuando me vuelvo... habían llegado tantas motos detrás que la mia ya no estaba en la esquina y me costó encontrarla


Ver cómo llegaban las motos y se llenaba la plaza fue todo un espectáculo. Simultáneamente con el evento motero se desarrollaba en la ciudad la Media Maratón Salmantina y la misma plaza formaba parte de su recorrido por lo que pasamos un rato allí disfrutando del sol de la mañana, las motos, haciendo amistades y viendo pasar los corredores.
Cuando la maratón termino de pasar, tras un minuto de silencio en honor a José Pinto, recientemente fallecido

, las motos salieron de la plaza hacia la ruta establecida.
En Medina del Campo parada para una cerveza y una tapa... y un reencuentro muy especial con una buena amiga vallisoletana
En Zamora... una cortita aunque preciosa parada para un vino y tapa de queso, caras de ilusión y emociones en la plaza de Viriato
Enseguida salimos para Coreses donde estaba concertada una estupenda comida en “El Convento”
Tras una agradable comida con gente estupenda, dimos una vuelta por las instalaciones antes de comenzar la vuelta a casa
Y de vuelta a la carretera, esta vez en solitario... no pude evitar hacer una parada en un lugar muy especial para mi, las Bodegas de El Perdigón, el pueblo origen mis raíces...
Qué es lo mejor de los viajes? Que sean tan intensos que solo de tiempo a vivirlos... que dejen recuerdos que te saquen una sonrisa... y de las emociones no voy a decir nada... aún están a flor de piel.
Tantos momentos que no se han podido recoger en fotos, tantos recuerdos mezclados... la nieve de La Covatilla, Salamanca, el castillo de La Mota en Medina, Castronuño y su playa, Toro, ese puente de hierro de mi niñez, el camino de la Aldehuela, el Cristo de Morales, la cuesta de la Yagona, el atardecer sobre Salamanca... la sierra De San Pedro de noche...
Y sobretodo la gente... siempre las personas, todas y cada una. Gracias, incluso a esos “enlatados” que ven un faro solitario en la noche y no pueden evitar saludar haciendo el último tramo más llevadero... siempre la gente. Del primero al último, GRACIAS
Solo diré que a pesar de lo que algunos considerarían una paliza de km en un solo día, al día siguiente he sacado la moto para ir a trabajar... y estaba lloviendo.
He entrado en casa me he puesto un chubasquero y me he ido con mi negrita y una sonrisa a trabajar... y eso no tiene precio.