Historia de una mandrilada.
En los albores de un nuevo día, tres son los que esperan el paso de los valientes. Tras el resplandor metálico de las monturas se oye el rugir de no menos de quince rocines, algunos bien engalanados, tras unirnos a tan ambiciosa empresa recorrimos en la tan popular columna, algunas leguas de viaje hasta Valdeolivas, siendo rebasados por algún demoníaco scooter. Tras el delicioso zarandeo de las sinuosas curvas del trayecto, advertimos una oronda silueta atajando ambos carriles de la nacional…era una mil seiscientos terminada en abundante fleco… he ahí a Mantecas, que con seguro gesto nos apuntaba camino a la posada donde habríamos de almorzar.
Llegados al “Rincón de Emilio” ,amigo y anfitrión, aparcamos nuestras monturas en la misma mesa donde comeríamos, dando buena cuenta del cuidado jardín de nuestro amigo. Comimos bien, como lo hace un buen rutero y pese a no estar en la media de calada del club, dejé el pabellón bien alto degustando judías, huevos fritos, callos y cuanto se me sugirió que no fue poco.
Entre bocada y bocada oveja echa balada.
- donde esta mi mujer!..decía Mantecas con el agrio y lastimero gesto de una difícil noche..no son jazmines si no jazmíneos, precisaba Jardy apuntando a las huidizas flores de la pared y en un constante replicar se escuchaba la voz de nuestro amigo Pity al que atentos escuchábamos todos sin mediar palabra.
Motos multicolor, rojas (jamás vi tantas juntas llegue a contar hasta tres), verdes , azules y alguna que otra negra, arrancan moviéndose en pesado arrastrar para partir a un nuevo destino…¡a la sima! increpo una voz salida de la multitud.
El sol ya reclamaba su respeto, haciendo mella en el curtido “morrillo” de nuestro nuevo compañero Toni, desdibujando los tatuajes de Serrucho como si de un odre viejo se tratase. Comprometido el pronto regreso marchamos en busca de la sima perdida..Kilómetros de abundante vegetación ansiaban devorar el asfalto y las juguetonas curvas entonaban una dulce melodía que inundaba sin par escenario, que no gusto describir a riesgo de parecer amanerado.
No muy lejos de un polvoriento camino encontramos la demandada sima..que no resultó ser otra cosa que un pedazo de agujero con un charco en el fondo. Tamaña fue mi sorpresa al descubrir que no se encontraba bar alguno en las inmediaciones y temiéndome lo peor decidí bajar con mis socios de empresa, a las profundidades del averno. Un recurso natural desperdiciado, cavilaba yo mientras descendía, que buen fresquero para unas deliciosas bebidas fermentadas…tras descender y descender como antes anticipé, no encontramos otra cosa que un charco de agua, que como suele suceder y siempre siguiendo las reglas mas elementales de la naturaleza se deposita en el fondo del agujero.
Comenzamos el ascenso por las resbaladizas escaleras de caracol, resoplando algunas bestias como si el fin estuviera cerca, paramos por aquello de la descompresión y volvieron a mi las cavilaciones…allí nos esperaban algunos compañeros que sabedores de la ausencia de bar nos esperaban junto al ombligo del mundo.
La columna de los valientes se dividió, unos al confín y otros mas allá del rumor, volvieron al pueblo de postas pasando por Barcelona, Roma y Valencia, llegando a destino no menos de las cuatro de la tarde, donde nos esperaba incondicional nuestro compañero Emilio, fresco y lozano blandiendo una espumosa cerveza con gesto hospitalario.
Hasta agua hubiera bebido, aunque no fue así y tras refrescarnos por aquello de hacer buen aprecio, nos dispusimos a comer después de una jornada de duro esfuerzo.
No entraré en detalle de los manjares que sobre la mesa yacían ni como devorábamos los once, hombres y mujeres, el constante humear de los guisos manchegos, buen vino de la tierra insultado por la escandalosa presencia de gaseosa, por dios si ..ni al vinagre se le echa gaseosa.. aunque algunos salvamos la ofensa bebiendo el elixir sin mover una pestaña.
Hubo café, postre y purito, charla de amigos..Henry con su entrañable pipa, Metal biker que resulto ser un humano llamado Alberto de incorruptible sonrisa, Toni bragado morrillo rojo y gesto tosco, Richi partiendo brazo con un servidor, Jardy, Jv. y Serrucho que no se que hablaban de amaneceres y puestas de sol, cosas del vino que aun en los mas rudos tambien hace mella y como no, tres mujeres una por Henry, otra por jardy y no menos por Richi.
Bien pasada la media tarde..cuando a buen seguro se habían enfriado los escapes de las burras, retomamos la vuelta entre el alborozo de la plaza que se encontraba en sus fiestas patronales, de no ser por la inquebrantable voluntad de contar la gesta y por que mi mujer me hubiera o hubiese descogotado, de buen grado hubiese aceptado el asilo de nuestro compañero Emilio.
Rumbo a casa, sobreviviendo al trafico de la nacional, desviándonos por retorcidas comárcales para alargar las ultimas bocanadas del placer de ir en moto. La columna se fue disgregando…unos a San no se que… otros para Alcala, a Madrid, Ávila o qui lo sá..pero aquí queda el testimonio de una buena ruta, a la que algunos tuvimos la fortuna de asistir pero que cualquiera puede repetir… que ya doblan campanas y los mandriles están prestos a salir..no te la pierdas.
NOTA:
He contado la historia tal y como me la contó un viejo socio del club que conoce a alguien que estuvo allí y tan solo me he permitido alguna que otra licencia literaria..je je
Por cierto muy bien organizada, si nos perdimos no me di ni cuenta.je je Un abrazo.